La magia tangible de New YorK City

| 10 junio, 2015 | 0 Comentarios

“La ciudad que nunca duerme” es una urbe llena de sorpresas, el destino perfecto. Desde el Empire State Building hasta Times Square, toda ella es emoción.


Nueva York

Vista de NYC desde el Empire State Building. Foto: Migdalis Pérez.

Si me preguntaran cómo definiría a New York City (NYC), diría sin titubeos que es una ciudad mágica: la metrópoli donde fama, arquitectura y belleza se conjugan para despertar una suerte de love at first sight tan inmenso como el mismísimo Empire State. Mil veces repasada en series y películas, largamente imaginada otras tantas, es también la urbe a la que todos queremos ir y de la que ningún turista desea escapar.

¡No ceder a su capacidad de encantamiento es imposible! Nada más llegar al aeropuerto y ya te sientes hechizado. Pero ¿cómo evitarlo? No todos los días respiras y te emocionas en “la capital del mundo”. De camino al hotel, tratas de no perderte ni un detalle y sientes que la vista no te alcanza para reconocer aquellos sitios desconocidos, pero, en cambio, tan familiares que el taxi va dejando atrás.

El New York Pass permite el acceso a más de 55 atracciones turísticas.

La paciencia te traiciona y, aunque ya es de noche y estás medio cansado por el viaje y aún no sabes por dónde empezar a recorrerla, te animas a dar una vuelta sin saber que estás en medio del famoso Chinatown y muy cerquita de la no menos popular Little Italy, donde disfrutas de un real slice of pizza en medio del bullicio de la Fiesta de San Genaro, evento anual que – ¡oh, agradable casualidad!- está en su pleno apogeo.

Como vas por pocos días, te haces del paquete que incluye el New York Pass y el acceso a los autobuses turísticos “Hop-on Hop-off” (te subes y te bajas donde quieras), combinación que te posibilita visitar cuantas atracciones te permitan tus pies (hay más de 55 disponibles), sin perder tiempo en la compra de tickets, así como conocer de cerquita los sitios que más llaman tu atención.

Amaneces en Nueva York y la mañana te parece perfecta. Como si fueras un true New Yorker, te montas en el subway para ver cómo funciona la enredadera de trenes subterráneos en la famosa “jungla de hierro”. Notas filtraciones en los techos de la estación y un poco de mugre aquí y allá, pero esa pequeña “mancha” en el expediente de la Big Apple desaparece de inmediato cuando sales de las fauces de la tierra justo en la preciosa, dinámica e indescriptible Times Square.

El asombro no te deja cerrar la boca. Las luces de neón de los gigantescos anuncios te atrapan. La vorágine de la atracción turística más visitada del mundo te absorbe. Sientes que la cámara fotográfica es insuficiente ante tantas imágenes dignas de eternizar -entre ellas, ¡cómo no!, tú delante de One Times Square, torre desde donde cada 31 de diciembre desciende la bola de cristal que anuncia la llegada de un nuevo año.

Empiezas a recorrer las más sonadas calles y avenidas del Midtown y te diriges a Madame Tussaud’s Wax Museum, el emblemático museo de figuras de cera, donde tienes un encuentro “face to face” con líderes políticos (Barack Obama y Nelson Mandela), actores de Hollywood (Brad Pitt y Angelina Jolie), estrellas del pop (Michael Jackson y Madonna), prestigiosos deportistas (Muhammad Ali y Michael Jordan) y hasta personajes del cine (Spiderman y el increíble Hulk). Obviamente, no te marchas de allí sin hacerte las debidas fotos con ellos, esculturas a tamaño real mediante, cual amigos “de toda la vida”.

La siguiente parada: Empire State Building, el más afamado skyscraper de la “ciudad de los rascacielos”. Como andas corto de tiempo, te vas directo al observatorio, no sin antes experimentar el bloqueo en los oídos propio de los cambios de presión por la altura (102 pisos se dice fácil) en un ascensor que cubre las primeras 80 plantas en-tan-sólo-un-minuto. Llegas al mirador, y he ahí NYC a tus pies. Apreciar la vista panorámica de 360 grados te deja sin aliento, como también identificar los sitios distintivos de la “Gran Manzana” desde el exclusivo techo neoyorquino. ¡Qué regalo para tus ojos!

Haces un alto para el lunch y degustas un steak al peculiar estilo méxico-hawaiano (que de todo encuentras en la cosmopolita ciudad). Continúas entonces hacia Ground Zero, donde se erige el memorial en recordación a las víctimas del 9/11, en el mismo lugar donde estuvieran las Twin Towers. Conoces también la primera torre de lo que será el One World Trade Center, reto arquitectónico devenido símbolo de paz y esperanza. La emoción te embarga y hasta enjugas algunas lágrimas, al tiempo que flores y mensajes glorifican a los caídos.

Estando en Lower Manhattan, te acercas al World Financial Center para apreciar la magnificencia de sus cuatro imponentes torres de granito y vidrio. Mientras intentas adivinar qué se cuece en las oficinas de las más importantes multinacionales del mundo, te detienes a admirar la belleza del Winter Garden y sus numerosas palmeras bajo techo. Una vez en su plaza adyacente, disfrutas de la vista al río Hudson y los numerosos yates anclados en el muelle deportivo.

The Sphere es la única escultura sobreviviente a los ataques al World Trade Center.

Cae la noche y te detienes a comprar un sándwich to go en el Deli más cercano. Literalmente, tienes que correr para no perderte el night tour que te paseará por los lugares más importantes de Manhattan y alrededores. ¡Otra cosa es apreciar de noche los sitios conocidos durante el día! Te aprestas entonces a cruzar por el Brooklyn Bridge, postal típica de NYC que fuera por 20 años el puente colgante más largo del mundo. Miras el reloj y -¡sorpresa!- ya estás en fiesta de cumpleaños. La alegría te invade porque no todos los días se cumple años en the capital of the world.  

Siguiente día. ¿Primer objetivo? The Statue of Liberty. Una vez más el tiempo conspira en tu contra y, en vez de escalarla, optas por tomar el ferry que sale de Battery Park a Staten Island, desde donde también podrás observarla. Pero antes de partir, haces un alto para apreciar The Sphere, única escultura sobreviviente a los ataques al World Trade Center. Una vez en el barco, pasas frente a la famosa estatua, símbolo de la libertad y la amistad entre los pueblos. Y al regreso,  jóvenes breakdancers llaman tu atención con sus acrobacias a las afueras de la estación.

De vuelta a Midtown, pasas por las Naciones Unidas, el Flatirong Building y el Rockfeller Center, complejo comercial conocido como “una ciudad dentro de otra ciudad”, donde cada invierno se invita al público a patinar en una peculiar pista de hielo y a contemplar al árbol de Navidad más grande del orbe. Toca el turno entonces al Uptown tour. Así, pasas por el Teatro Apolo, el mercado de Harlem y Central Park, una suerte de oasis en medio de la jungla de hierro, muestra fehaciente de que la naturaleza y el urbanismo no están reñidos en lo absoluto.

Llega el momento de partir y caes en la cuenta de que no te quieres marchar. Ahora entiendes por qué muchos desean vivir en Manhattan, la ciudad del wow y la fast life por excelencia; la urbe donde te sientes ciudadano del mundo al compartir con gente de todos lados; la metrópoli a la que de seguro regresarás, quizás en época de Navidad cuando –según te han dicho- “todo se vuelve más bello”. Te percatas finalmente de que has sido seducido por la magia tangible de la Big Apple.

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Category: CRÓNICAS, TURISMO

¿Quién escribe? ()

Migdalis Pérez Castillo es una periodista cubana con experiencia en prensa escrita, radial, televisiva y digital. Sus artículos han encontrado espacio en reconocidos medios de prensa cubanos e iberoamericanos, entre ellos, la agencia de noticias Prensa Latina, el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, la emisora Radio Reloj, las publicaciones nicaragüenses La Prensa y El Nuevo Diario, la revista chilena Punto Final, el periódico mexicano Excélsior, el portal online Suite101 y Vista magazine. Actualmente, escribe para la versión online de Qué Rica Vida, el periódico Negocios Now y la revista Catalejo, a la que también dirige.

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