El primer nieto, ese soberano en acción

| 1 julio, 2014 | 0 Comentarios
primer nieto

Cómo sobrevivir a las travesuras de un nieto.

La llegada del primer nieto implica ciertos cambios en la vida de cualquier abuelo. Aquí te hablamos de los nietos de estos tiempos y de cómo sobrevivir a sus fechorías.

Carece de total importancia que el primer nieto llegue cuando usted va camino a los cincuenta, o cuando intenta completar la segunda carrera universitaria, o un máster en fitness o salsa. Las nuevas generaciones vienen con energía extra y no se conmueven fácilmente ante las órdenes de los adultos. Desde chiquitos, se adueñan de todo con fervor. Y unos abuelos derretidos siempre estarán en inferioridad de condiciones.

Nieto todoterreno

Un nene con chupete —teta o biberón—, con cara de angelito maltrecho y de “yo no fui”, suele ser un “peligro” para los hogares, en general, y para el suyo, en particular. Ergo, usted deberá rescatar el par de ojos que tuvo en la espalda cuando crió a sus propios hijos, porque los nietos de hoy en día son todoterreno.

Como el tiempo de upas y pañales dura poco, reforzar el entrenamiento o buscar abuelos sustitutos no sería una mala idea. Porque, por ejemplo, se puede mudar a las alturas todo aquello que resulte peligroso para su nieto, o viceversa, pero el tema es que los niños pasan de la “gateada” a la “trepada” en cosa de un suspiro.

El instinto de preservación es una habilidad adquirida y parece que —encima— es producto del ensayo y el error. El perro y el gato la tienen más clara. Ellos, por ejemplo, se tomaron muy en serio los enchufes después de la primera olfateada; su nieto, no, pues hasta la descarga a tierra le resulta irresistible.

Nieto grafitero

En su época de ambulante, su nieto descubre, con infinito placer, que hay cosas que sirven para pintar. Cualquier cosa le viene bien para “grafitar” su casa. Y si, por casualidad, encuentra la puerta del departamento abierta, ¡qué alegría, qué alegría, ole, ole, ola!: irá como teledirigido en busca de más paredes, porque las de su vivienda le resultaron insuficientes para su “despliegue artístico”. Sin dejar de mencionar que mostrará sus dotes de “catador” de todo lo que encuentre a su paso, sea comestible o no.

¡Qué sueño tengo!

El sueño de su nieto y el suyo es un tema absolutamente aparte. Cuando —por fin— su nieto logra dormirse, puede suceder entonces que su sueño sea altamente volátil. Así que después de conseguir dormirlo, usted pensará seriamente en resucitar al superagente 86, Maxwell Smart, o invertir en aislantes y otros artilugios afines. Además de preparar mordazas caseras para todos los integrantes del hogar que, a estas alturas, más que dulce hogar, parece cualquier otra cosa.

Usted, abuelo primerizo, mirará a su alrededor e intentará levantar los juguetes diseminados por el piso. Observará la montaña de pañales y ropa sucia, y dirá: “La pucha, ¡qué vale la pena vivir!”. Al mejor estilo de Héctor Alterio, en la película Caballos salvajes que hubiera querido volver a ver, si no fuera porque a su nieto le gusta Mickey Mouse y lo ve en diferido, en directo, en repeticiones y hasta en sueños.

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Category: CRÓNICAS, FAMILIA

¿Quién escribe? ()

Mónica Beatriz Gervasoni. Argentina. Periodista. Colaboró con las revistas Uno Mismo, Sex Humor y Kiné. Desde hace diez años, colabora con distintos medios online: la revista En Plenitud (con notas humorístico-costumbristas), el magazine Concepto de Mujer, el Mensajero Diario, Victoria Rolanda, etc. Actualmente, es asistente de la Sra. Cristina Wargon, periodista, escritora y humorista.

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