Nieta en casa

| 24 junio, 2014 | 0 Comentarios
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Hay que prepararse para tener una nieta en casa.

Una nieta de visita en casa, o conviviente, implica algunas cosas que conviene saber, sobre todo, si la casa es la de una abuela que se estrena como tal.

Para todos los efectos, la primera nieta es la que más litros de baba produce y a la que es mucho más díficil decirle que no. La casa, su casa, será una casa “tomada”…, tomada por ella.

Una nieta nunca llega sola: llega con mamá adjunta y, a veces, con su propio padre. Además de un bolso de uso personal que contiene pañales, mamaderas y un placard comprimido de mudas de repuesto.

Pero las madres modernas no usan corralito y mucho menos lo traen. Y las criaturas primero van a upa; después, gatean, se desplazan, trepan y marcan territorio.

Mi nieta vive conmigo

Apenas usted le abra la puerta a la madre de su nieta, dígase su hija o nuera, ésta le dirá: “Toma”, y, acto seguido, le pondrá a la nena en sus brazos; el bolso, en su hombro y el cochecito, en alguna parte de su anatomía libre.

Mientras la recién parida le diga “hola” y se desplome en el primer sillón o sofacama con el que se cruzó en el camino, usted se preguntará cómo cuernos hará un dromedario para cerrar la puerta, porque lo que es usted, no tiene ni la menor idea.

Ni las mascotas se salvan

El perro de la casa, que de tonto no tiene ni un pelo, se cuidará muy bien de mostrar los dientes. No necesita ser sabio para saber con quién se quedará la familia si toca elegir entre nieta y dog.

El gato, que hace años, a fuerza de arañazos, le hizo comprender al can que tendrían que convivir, se mudará para el techo, haciéndose cuasi invisible para todos los efectos.

Como experto merodeador, a la hora de la comida bajará discreto en búsqueda de su porción. Un gato jamás muere de inanición, haya nieta o no por los alrededores. Abuela, no se preocupe por el “michi”; su casa seguirá estando libre de ratones.

Ojo con las antigüedades

Para su jarrón de la dinastía Chen del siglo ‘no me acuerdo’, y otras menudencias por el estilo, las alturas pueden ser una opción, pero no una garantía.

Mientras barra los pedazos de porcelana, diseminados por toda la casa, tendrá toda la razón del mundo al pensar: “Las nietas llegan de bebé y, en menos de lo que canta un gallo, gatean y hasta trepan.

Con lo cual, olvidese de las antigüedades por un largo, largo tiempo, y prepárese para convertirse en seguridad personal y privada; la primera misión será asegurarse de que a su nieta no le pase nada.

Prepárese también para el máster

Si le duele todo, no se asuste; como diría la canción: “El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”, y si hay algo que perdemos ante la velocidad de las nuevas generaciones, son los reflejos.

Si, ya sé, ya sé… Usted no es tan mayor, pero tampoco una pendeja. Simplemente, le falta entrenamiento para un deporte extremo que ya practicó hace algunos años. Recuerde que después de cuidar a una hija, viene el máster de cuidar a una nieta.

Eso sí, cuando le tome la mano al asunto de atender a su nieta, quien ya le tomó a usted mano, codo, hombro y todo su ser completo, no se relaje porque no hay una sin dos, mucho menos, dos sin tres, y no se sabe si la tercera es la vencida.

Ah, esta historia acerca de la nieta también es aplicable al nieto, así que tome nota por igual.

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Category: CRÓNICAS, FAMILIA

¿Quién escribe? ()

Mónica Beatriz Gervasoni. Argentina. Periodista. Colaboró con las revistas Uno Mismo, Sex Humor y Kiné. Desde hace diez años, colabora con distintos medios online: la revista En Plenitud (con notas humorístico-costumbristas), el magazine Concepto de Mujer, el Mensajero Diario, Victoria Rolanda, etc. Actualmente, es asistente de la Sra. Cristina Wargon, periodista, escritora y humorista.

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