La invasión de los castores en la Patagonia

| 10 diciembre, 2013 | 0 Comentarios
castores

Los castores americanos se han convertido en una verdadera plaga.

En solo 60 años, los castores americanos se adueñaron de los ríos, arroyos y bosques de Tierra del Fuego. ¿Acaso se creyó que insertarlos en un hábitat diferente era una buena idea?

Todo empezó en 1946, cuando 25 parejas de castores americanos —los mayores roedores del Hemisferio Norte— fueron traídos desde Canadá a la isla de Tierra del Fuego, ubicada en el extremo sur del continente americano.

La idea de quienes introdujeron los castores en la Patagonia era desarrollar la industria peletera: estos animales tienen un espeso pelaje de enorme valor comercial. Seguramente, pensando en el usufructo, nadie se preocupó en su momento por si en esta nueva tierra había o no depredadores naturales —como lo son los osos, lobos y linces en su hábitat de origen—. Y cuando el proyecto de vender las pieles falló, dejaron libres a los pequeños mamíferos, que se dedicaron a construir diques, uno de los atractivos turísticos de la zona.

¿Cómo y de qué viven los castores?

Daños a los árboles

Los castores se alimentan de los árboles que talan.

El castor americano vive unos 14 años y crece durante toda su vida. Un adulto pesa alrededor de 16 kg, aunque los hay de más de 25. Se alimentan de las cortezas, ramas y hojas de los árboles que talan, y de raíces de plantas acuáticas.

Sus fuertes patas delanteras les son muy útiles a la hora de cavar y construir diques. Tienen una glándula, cerca del ano, que produce una sustancia impermeabilizante; ellos se distribuyen ese aceite por el cuerpo para mantenerse limpios y libres de parásitos. De otra glándula obtienen un saborizador de alimentos.

Son animales de costumbres monógamas, y cada pareja tiene cuatro crías por año. Esencialmente acuáticos, solo viajan por tierra cuando es estrictamente necesario.

Invasión de castores en Tierra del Fuego

Diques

Diques hechos por los castores.

A los castores se los reconoce por su habilidad para construir diques en ríos y arroyos. Edifican sus castoreras, donde viven con sus familias —forman grupos de hasta 12 individuos—, en los estanques que ellos mismos crean bloqueando las corrientes de agua. Para ese bloqueo utilizan los troncos de los árboles derribados con sus poderosos incisivos.

Cuando los sedimentos que se van depositando vuelven el estanque poco profundo, los castores abandonan el dique. Y ese dique sin mantenimiento termina por romperse, pero esa es otra historia. Lo que aquí nos importa es que para construir un dique solo hace falta una pareja de estos animalitos. Y si cada pareja abandona un dique, y otro y otro… Imaginemos los destrozos.

Con el correr de las décadas, estos roedores se han ido expandiendo por todas las islas de la región. En la actualidad, superan los 100 000 individuos, por lo que ya se habla de la plaga de castores en la Patagonia argentina y chilena. Ellos han causado la destrucción masiva de especies de árboles locales, y amenazan los bosques, lagos  y ríos.

¿Cómo detener a los castores americanos?

Hace unos años, hubo un intento de estimular la erradicación mediante un grupo de cazadores inscriptos que, tras cazarlos, podía vender las colas. Pero no se obtuvo el resultado esperado.

Actualmente, se está probando un sistema de control que pretende mantener la población de estos animales dentro de un número limitado, aunque algunos biólogos sostienen que los castores podrían apoderarse de los bosques andinos, de ahí que estén a favor de eliminarlos.

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Category: NATURALEZA

¿Quién escribe? ()

Claudia Cortalezzi es escritora y redactora. Cofundó "La Abadía de Carfax" —con Marcelo di Marco y otros—, y antologó el 3º libro de este círculo de horror y fantasía. Escribe ficción y es redactora de libros de información. Coordina talleres de corrección literaria. Tiene varios cuentos premiados y participó en antologías en Argentina, España, Libia y Perú. Su novela, "Una simple palabra", fue editada por Andrómeda, en 2010.

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